Por Jairo Catrocci


Malvinas en la ONU: Milei redobla el reclamo, Londres responde con firmeza y la sombra de Trump sobrevuela la disputa

El presidente argentino llevó la causa Malvinas al centro de su discurso ante la Asamblea General, cuestionó el derecho de autodeterminación de los isleños y volvió a pedir la reapertura de negociaciones. El Reino Unido contestó casi de inmediato desde su misión diplomática, mientras las dudas sembradas semanas atrás por Donald Trump sobre el respaldo estadounidense a Londres siguen marcando el pulso de la crisis bilateral.

El presidente Javier Milei utilizó este miércoles su intervención ante la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, para reinstalar con fuerza el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas. Fue la tercera vez que el mandatario libertario habló ante el pleno del organismo multilateral, y esta vez lo hizo en un clima de tensión bilateral con Londres que venía escalando desde hacía semanas.

"Malvinas es para nosotros una causa nacional, repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional", enfatizó Milei ante los jefes de Estado y delegaciones presentes, y agregó que la disputa territorial es también "una prueba de la distancia que puede existir entre las palabras de las instituciones internacionales y la realidad sobre la que pretenden actuar". El Presidente pidió expresamente que la ONU intervenga frente a lo que calificó como acciones unilaterales del Reino Unido, que a su juicio afectan los derechos soberanos argentinos sobre el archipiélago.

Uno de los tramos más comentados de su exposición fue el cuestionamiento directo al principio de autodeterminación que Londres invoca históricamente para justificar el estatus de las islas. Milei sostuvo que ese principio no es aplicable al caso Malvinas porque se trata, según su interpretación, de una disputa territorial entre dos Estados y no de un proceso de descolonización clásico. Fue más allá al plantear que, si el Reino Unido sostiene una lectura selectiva de la libre determinación para las islas, debería explicar cómo concilia ese criterio con los propios debates sobre autodeterminación que existen dentro de su territorio.

El mandatario reiteró además su invitación a Londres para "reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía, como lo requiere el derecho internacional", y extendió ese llamado también a la disputa por la explotación de recursos naturales en la zona, en referencia directa a la actividad petrolera que impulsa la empresa Rockhopper Exploration en el yacimiento Sea Lion. Milei remarcó que el reclamo no quedará únicamente en el plano discursivo y recordó que su gobierno ya avanzó con sanciones contra empresas que operan en la cuenca Malvinas sin autorización argentina.

Durante el discurso, dos funcionarios de la misión diplomática británica —encabezada por el primer ministro Andy Burnham y la embajadora Sarah MacIntosh— siguieron la exposición con traducción simultánea y tomaron nota de las referencias de Milei a la "ocupación ilegal" de las islas.

La respuesta de Londres, sin esperar

El Reino Unido no dejó pasar mucho tiempo. A través de un comunicado difundido por su misión ante la ONU, la delegación británica fue categórica: "El Reino Unido no tiene ninguna duda sobre su soberanía sobre las Islas Falkland y Georgia del Sur y las Islas Sandwich del Sur, así como sobre las áreas marítimas circundantes de ambos territorios". El texto insistió en que cualquier conversación sobre el futuro de los territorios "dependerá de la voluntad de sus habitantes" y remató: "No puede haber un diálogo sobre la soberanía a menos que los habitantes de las Islas Falkland así lo deseen".

Para sostener ese argumento, Londres volvió a apoyarse en el referéndum de 2013, cuando con una participación del 92% de los isleños habilitados, el 99,8% de los votantes eligió mantener el estatus de territorio autónomo bajo la Corona británica.

El otro frente de la respuesta británica apuntó directamente al conflicto por los recursos naturales. El comunicado defendió que la explotación de hidrocarburos en la zona —es decir, el proyecto Sea Lion— es una actividad "legítima", autorizada por las propias autoridades de las islas y regulada por su legislación local. De ese modo, el gobierno de Burnham rechazó de plano las medidas sancionatorias que la administración Milei viene aplicando contra empresas y proveedores vinculados a esa explotación, un esquema que ya alcanzó a más de sesenta compañías y personas con actividad directa o indirecta en la cuenca Malvinas.

La repercusión no se limitó al comunicado oficial: la prensa británica reaccionó con dureza a las palabras de Milei. Varios medios del Reino Unido centraron su cobertura en el cuestionamiento argentino al derecho de autodeterminación de los isleños, con títulos que calificaron el reclamo de "una exigencia escandalosa". Cadenas como Sky News enmarcaron el discurso dentro de un deterioro más amplio del vínculo bilateral, agravado en las últimas semanas por las sanciones argentinas a la actividad petrolera y por declaraciones cruzadas entre ambos gobiernos.

La sombra de Trump sobre la disputa

Si la tensión entre Buenos Aires y Londres viene in crescendo, buena parte de ese envión hay que buscarlo en Washington. Semanas atrás, Donald Trump metió una cuña inesperada en la relación históricamente neutral de Estados Unidos frente al conflicto por Malvinas. Consultado por la cadena británica GB News sobre si modificaría el alineamiento de su país con Gran Bretaña, el presidente estadounidense respondió con una frase que generó ruido inmediato en Londres: "Siempre reviso todas mis posturas, esta es solo una de muchas". Trump fue más allá al calificar el conflicto bélico de 1982 como algo que "quedó muy lejos" y dejó trascender su malestar con el gobierno británico por no haber brindado apoyo militar durante la guerra de Estados Unidos con Irán.

Esas declaraciones fueron leídas en Buenos Aires como un guiño a favor de la posición argentina. El propio Milei las capitalizó políticamente, al sostener que Washington evalúa ese eventual cambio de posición "porque saben que en la Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica". Analistas políticos, sin embargo, leyeron el movimiento de Milei con matices: para el consultor Lucas Romero, de Synopsis Consultores, el mandatario argentino estaría aprovechando los dichos de Trump para "inflamar o sobreactuar un sentimiento malvinero" y reposicionarse en la agenda interna, en un contexto todavía marcado por la polémica que generó semanas antes al cuestionar a los jugadores de la Selección Argentina que desplegaron una bandera con el reclamo por Malvinas tras la victoria ante Inglaterra en el Mundial 2026.

Días más tarde, Trump matizó su postura sin desdecirse del todo: calificó cualquier eventual conflicto armado entre Argentina y el Reino Unido por las islas como un "desastre potencial", aunque se mostró dispuesto a mediar si ambas partes se lo pidieran. Esa combinación de señales —dudas sobre el respaldo automático a Londres, elogios a Milei como "aliado estratégico" en la región y una oferta de mediación no descartada— mantiene en vilo tanto al gobierno argentino, que evalúa la posibilidad de sumar a Washington como mediador, como al británico, que según trascendió mantuvo contactos directos entre Burnham y Trump antes del discurso de Milei en la ONU, en un intento por sostener el respaldo estadounidense de cara a la exposición del mandatario argentino.

Con este telón de fondo, el cruce discursivo de este miércoles en Nueva York deja un escenario de máxima tensión diplomática, sin que se avizore en el corto plazo una reanudación formal de negociaciones bilaterales sobre la soberanía del archipiélago.


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